24 de octubre: Día Internacional contra el Cambio Climático

Paisaje mediterráneo con encina, vegetación autóctona, suelo agrietado y una zona húmeda durante una tarde cálida.

Cada 24 de octubre se recuerda en numerosos medios, centros educativos y organizaciones el llamado Día Internacional contra el Cambio Climático. La fecha nos invita a detenernos ante una transformación que ya afecta a los ecosistemas, la salud, la agricultura, las ciudades y nuestra forma de habitar el territorio.

Conviene hacer una precisión: no se trata de un día internacional proclamado oficialmente por Naciones Unidas. Es una efeméride divulgativa ampliamente extendida. Eso no reduce la importancia de su mensaje, pero sí exige presentarla con exactitud. En Esth Naturalmente queremos distinguir siempre entre una fecha oficial, una campaña consolidada y una conmemoración divulgativa.

El cambio climático no es una amenaza lejana

El cambio climático no es solamente una previsión sobre el futuro. Sus efectos ya pueden observarse en la atmósfera, los océanos, la criosfera y la biosfera. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —el IPCC— concluye que la influencia humana ha calentado de manera inequívoca la atmósfera, el océano y la tierra, principalmente mediante las emisiones de gases de efecto invernadero.

La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2025 fue el segundo o tercer año más cálido desde que existen registros, con una temperatura media global aproximada de 1,43 °C por encima del promedio de 1850-1900. Los once años comprendidos entre 2015 y 2025 fueron los once más cálidos registrados hasta ese momento.

Copernicus situó 2025 como el tercer año más cálido de su serie y observó temperaturas por encima del promedio 1991-2020 en el 91 % del planeta. Que un año quede unas décimas por debajo del anterior no significa que el calentamiento se haya detenido: la tendencia se valora durante períodos prolongados, no comparando únicamente dos años consecutivos.

¿Qué está ocurriendo en España?

España es especialmente vulnerable al calor extremo, la alteración de las precipitaciones, las sequías, los incendios forestales, la desertificación y el calentamiento del mar.

Según la Agencia Estatal de Meteorología, 2025 fue un año extremadamente cálido en España. La temperatura media anual alcanzó aproximadamente 15,1 °C, 1,1 °C por encima del promedio 1991-2020. Fue el tercer año más cálido de la serie iniciada en 1961, empatado con 2024. AEMET señala además que la temperatura media española ha aumentado alrededor de 1,75 °C desde 1961.

El verano de 2025 fue el más cálido registrado en la España peninsular, con una temperatura media de 24,2 °C y una anomalía de 2,1 °C. Las aguas superficiales que rodean España también muestran una tendencia de calentamiento: en conjunto, su temperatura habría aumentado aproximadamente 0,9 °C desde 1940.

Estas cifras no significan que todos los lugares se calienten igual ni que desaparezcan los episodios fríos. El clima conserva su variabilidad. Lo que cambia es el fondo sobre el que se producen los fenómenos meteorológicos: un sistema progresivamente más cálido puede intensificar riesgos y alterar su frecuencia, duración o distribución.

La botánica también cuenta esta historia

Las plantas no pueden desplazarse con la rapidez con la que cambia el clima. Algunas especies modifican sus períodos de floración y fructificación; otras encuentran condiciones adecuadas a mayor altitud o latitud. Las sequías prolongadas debilitan bosques y matorrales, mientras que el calor puede alterar la relación entre plantas, polinizadores, microorganismos y animales herbívoros.

El cambio climático tampoco actúa de forma aislada. Se combina con la fragmentación de los hábitats, la contaminación, la sobreexplotación de recursos, los incendios, la expansión urbana y la llegada de especies invasoras. Por eso, plantar árboles sin planificación o llenar una ciudad de vegetación ornamental no resuelve por sí solo el problema. Importan la especie, la procedencia, la diversidad, el suelo, el agua disponible y la continuidad ecológica.

Mitigar y adaptarnos: dos tareas inseparables

Mitigar y adaptarnos son tareas inseparables. No necesitamos gestos vacíos, sino cambios capaces de durar. © Esth Naturalmente, 2026.

Mitigar significa reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y proteger los sumideros naturales de carbono. Adaptarnos significa preparar los territorios y las comunidades para impactos que ya se producen o que no pueden evitarse completamente.

No podemos escoger solamente una de las dos. Sin una reducción rápida y sostenida de las emisiones, la adaptación perderá eficacia a medida que aumente el calentamiento. Y aunque las emisiones disminuyeran con rapidez, seguiríamos necesitando ciudades más habitables, sistemas sanitarios preparados, gestión responsable del agua, agricultura resiliente y ecosistemas mejor conservados.

La Ley Europea del Clima establece para la Unión Europea el objetivo jurídicamente vinculante de alcanzar la neutralidad climática en 2050. También fija una reducción neta de emisiones de al menos el 55 % para 2030, respecto a 1990. Estos compromisos requieren políticas públicas, transformación económica, innovación, protección social y participación ciudadana.

¿Qué podemos hacer desde nuestra vida cotidiana?

Las decisiones individuales importan, pero no deben utilizarse para trasladar toda la responsabilidad a las personas. La magnitud del cambio climático exige también actuaciones empresariales, municipales, estatales e internacionales. Aun así, nuestros hábitos pueden reducir impactos, orientar el mercado y reforzar las transformaciones colectivas.

  • Consumir menos y durante más tiempo. Reparar, reutilizar, compartir y elegir objetos duraderos reduce la extracción de materias primas y la generación de residuos.
  • Revisar cómo nos desplazamos. Caminar, utilizar la bicicleta o el transporte público cuando sea viable, compartir trayectos y reducir viajes innecesarios.
  • Mejorar la eficiencia del hogar. Aislar, controlar temperaturas, evitar consumos fantasma y escoger equipos eficientes cuando haya que sustituirlos.
  • Evitar el desperdicio alimentario. Planificar compras, conservar correctamente los alimentos y aprovechar las sobras.
  • Favorecer una alimentación sostenible. Aumentar la presencia de alimentos vegetales, estacionales y de proximidad, teniendo en cuenta también su modo de producción.
  • Cuidar el agua y el suelo. Reducir pérdidas, evitar vertidos domésticos innecesarios y proteger la fertilidad del suelo.
  • Apoyar la biodiversidad local. Utilizar especies adecuadas al territorio, evitar pesticidas innecesarios y respetar los hábitats silvestres.
  • Participar. Informarse, apoyar iniciativas rigurosas, formular propuestas al ayuntamiento y exigir planes climáticos verificables.

Lo natural también debe examinarse

Una etiqueta verde no garantiza un impacto reducido. Un producto puede ser de origen natural y, al mismo tiempo, proceder de un cultivo intensivo, recorrer miles de kilómetros, utilizar demasiada agua o depender de una extracción que degrade un ecosistema.

En cosmética y cuidado personal, la sostenibilidad no consiste únicamente en sustituir ingredientes sintéticos por ingredientes vegetales. También significa formular con sentido, evitar compras innecesarias, reducir desperdicios, escoger envases razonables, conocer la trazabilidad y utilizar cantidades ajustadas. La opción más sostenible suele ser la que cumple bien su función y se utiliza completamente.

No necesitamos más gestos vacíos

El Día contra el Cambio Climático no debería reducirse a compartir una imagen durante veinticuatro horas. Puede servir para revisar una decisión concreta, conocer el plan climático de nuestra localidad, comprobar qué medidas se están cumpliendo o iniciar una conversación incómoda pero necesaria.

La responsabilidad no es idéntica para todas las personas, empresas o países. Tampoco lo es la vulnerabilidad. Una transición verdaderamente sostenible debe reducir emisiones sin aumentar la desigualdad y proteger especialmente a quienes sufren antes y con mayor intensidad los efectos del calentamiento.

Hoy no se trata de prometer perfección. Se trata de reconocer la magnitud del problema, abandonar la indiferencia y sostener cambios capaces de durar más que una efeméride.

El clima está cambiando. Nuestra manera de producir, consumir y cuidar el territorio también debe hacerlo.

Para conversar

¿Qué efecto del cambio climático percibes con mayor claridad en tu entorno? ¿Qué medida crees que debería abordarse con más urgencia en tu localidad?

Fuentes y lecturas


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